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Viviendo sola

Colaboración con La Líder

 

Pagar la luz, el teléfono, el internet, el perro que está solo y que no ha comido, que se descompuso la lavadora, que se están muriendo las plantas, que si no hay nada qué comer y, aún así, los trastes sucios están a tope… Hay tantas cosas de las que hacerse cargo y que no te das cuenta hasta que comienzas a vivir sola… Y eso que no has dejado las llaves dentro de la casa o te has quedado sin papel de baño… Es la locura.

No te voy a engañar, vivir sola tiene su encanto, pero hay un montón de cosas que me hubiera gustado saber antes de terminar pagando los platos rotos. A veces, el aprendizaje sale caro.

¿Vale la pena? Sí, siempre sí. Creo que todas alguna vez en la vida debemos animarnos a dar ese paso. A conocernos solas, a disfrutar nuestro espacio, a hacerlo a nuestro antojo y a vivir a nuestras anchas.

En este espacio, a través de mi experiencia, y la de mis amigas, y las amigas de mis amigas, quiero regalarte una serie de historias y tips para que podamos compartir esta experiencia de vivir solas y estar más preparadas.

¿Cuándo es el momento correcto? Cuando tú lo decidas. Sólo no te avientes al vacío sólo porque tienes ganas… En cuanto sientas el impulso de irte a vivir sola, imagina cómo te gustaría vivir, piensa (y escribe) qué condiciones necesitas que se cumplan en tu vida para que disfrutes esta etapa de cambio, ve registrando en un Excel todos los gastos que tengas, y todos los que crees generar en tu nueva vida independiente. Con números claros es más fácil tomar decisiones.

Muchas veces, no cae en nosotras esa decisión y la vida solita nos empuja (ahí la situación cambia). Pero si cuentas con ese poder de decisión y la información aproximada, trabaja para que estas condiciones puedan darse.

Hay dos cosas primordiales a tomar en cuenta (porque son las más complicadas): la soledad y la economía. Cuando estamos bien, todo es miel sobre hojuelas, cuando estamos mal es cuando nos pesa…

¿A quién no le gusta que lo apapachen cuando está enferma? Cuando vives sola, pesa que no haya alguien a la mano para hacerte un tecito…

¿Dónde te gustaría vivir? ¿Cuánto cuesta la renta en esa zona? ¿Y el mantenimiento? Hacer presupuestos de cuánto te costaría vivir en otro lugar y cuánto ganas mes a mes, te va a dar la pauta para decidir el momento de tu mudanza. Ponte a pensar que ya nadie te va a ayudar con tus gastos, todo lo que utilices y gastes es sólo para ti.

Todas las decisiones son tuyas, y esa es la magia. Puedes entrar y salir a la hora que quieras, invitar a quien quieras, andar en calzones y poner la música que más te gusta a todo volúmen (a menos que los vecinos te pidan que le bajes a tu relajo)…

Saber estar sola y vivir sola no es fácil, pero una vez que encontramos nuestro equilibrio, es de las más gratificantes del Universo.